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Inteligencia artificial y educación: ¿qué tipo de personas queremos formar en la cultura digital?

hace 4 horas
4 min de lectura

La XIII Jornada en torno a la Pedagogía Contextual Liberadora abrió un espacio de reflexión sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial para la educación, la familia y la convivencia.


La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida cotidiana. Está presente en la manera en que aprendemos, trabajamos, nos comunicamos, buscamos información y tomamos decisiones. Pero frente a este escenario, la pregunta no puede reducirse a qué puede hacer la tecnología.


La XIII Jornada en torno a la Pedagogía Contextual Liberadora, realizada bajo el tema “Aprender a vivir y convivir dignamente en una cultura ampliamente digitalizada”, propuso una pregunta de fondo: ¿qué debemos hacer nosotros con la tecnología y, especialmente, con la inteligencia artificial?

A lo largo de la Jornada, distintas reflexiones pusieron en el centro a la persona, su dignidad, su libertad y su capacidad de discernir.


De la historia de la tecnología a la pregunta por la persona


La Jornada comenzó con un encuadre temático a cargo de Miguel Ángel Rosas, quien presentó un recorrido por la evolución de la tecnología hasta llegar a la inteligencia artificial. Su exposición permitió comprender que la IA no apareció de manera aislada, sino que forma parte de una larga historia de herramientas creadas por el ser humano para ampliar sus capacidades.

Sin embargo, este desarrollo tecnológico plantea una cuestión fundamental: ¿para qué y al servicio de quién utilizamos aquello que somos capaces de crear?


Desde esta perspectiva, el progreso técnico adquiere sentido cuando permanece al servicio de la persona, su dignidad y el bien común. La pregunta que quedó planteada desde el inicio acompañaría las reflexiones posteriores: no basta con saber qué puede hacer la tecnología; necesitamos preguntarnos qué debemos hacer nosotros con ella.




La dignidad humana frente a las máquinas


La primera ponencia, “Dignidad humana, formación de la conciencia y libertad responsable en la cultura digital”, estuvo a cargo del Pbro. Dr. Mario Ángel Flores Ramos.

Después de acercarnos a la evolución tecnológica, su reflexión propuso volver la mirada hacia quien crea y utiliza estas herramientas: la persona humana.


Ante una inteligencia artificial capaz de generar contenidos, procesar información y realizar cada vez más tareas, surge una cuestión que no puede resolverse únicamente desde la eficiencia o la innovación: ¿cómo mantenernos plenamente humanos frente a las máquinas?

La respuesta exige algo más que conocimiento técnico. Implica formar la conciencia y desarrollar un discernimiento moral y espiritual que permita utilizar estas herramientas de manera responsable, teniendo como horizonte la dignidad humana y el bien común.



Educación: transformar las herramientas también implica transformar la manera de enseñar


La segunda ponencia llevó la conversación a un ámbito concreto: la educación en salud. La Mtra. Magdalena Sierra Pacheco comenzó con una pregunta que interpela a cualquier espacio educativo:

¿Estamos realmente transformando la educación con la tecnología y la inteligencia artificial o solo estamos modernizando, con nuevas herramientas, un modelo tradicional que sigue colocando al estudiante como receptor pasivo de conocimiento?


Desde su experiencia, destacó que la incorporación de la IA puede contribuir al diseño de experiencias de aprendizaje, la simulación clínica y el desarrollo de nuevas metodologías. Pero su presencia también exige una transformación del papel docente.


El profesor deja de ser únicamente transmisor de conocimientos para convertirse en diseñador y facilitador de experiencias de aprendizaje, capaz de acompañar procesos, observar el desarrollo de los estudiantes y enseñarles a utilizar estas herramientas con responsabilidad.

En un ámbito tan sensible como la salud, esta responsabilidad adquiere especial relevancia: la información generada por IA debe ser verificada y las decisiones que afectan a las personas no pueden delegarse ciegamente en un sistema. La supervisión humana sigue siendo indispensable. 




¿Qué tipo de personas estamos formando?


La tercera ponencia, a cargo de la Mtra. Gabriela Pacheco, llevó la reflexión hacia los espacios donde comienza buena parte de nuestra formación: la familia y la escuela.


Su planteamiento fue claro: educar en la cultura digital no significa únicamente enseñar a utilizar dispositivos o prevenir riesgos en internet. Significa formar personas capaces de ejercer su libertad, discernir críticamente y actuar responsablemente.


Y aquí aparece una pregunta especialmente relevante:

¿Qué tipo de personas estamos acompañando a formar mediante las tecnologías?

La cultura digital no solo modifica nuestras herramientas; también transforma nuestras maneras de relacionarnos, aprender, construir nuestra identidad y ejercer nuestra libertad. Por ello, la educación ético-digital debe ayudar a construir ambientes que fortalezcan los vínculos humanos, el diálogo, el respeto y la responsabilidad.



De consumidores digitales a personas capaces de pensar críticamente


En la segunda parte de su participación, la Mtra. Gabriela Pacheco profundizó en una propuesta inspirada en la pedagogía de Paulo Freire: utilizar la inteligencia artificial no como un depósito de respuestas prefabricadas, sino como una oportunidad para preguntar, cuestionar y pensar críticamente.


El desafío consiste en evitar una especie de “educación bancaria digital”, en la que el estudiante simplemente recibe, copia o acepta las respuestas generadas por una herramienta. Frente a ello, la IA puede convertirse en un recurso para analizar sesgos, detectar errores, contrastar información y formular mejores preguntas.




La tecnología al servicio de la persona


Las tres reflexiones convergieron en una idea: la inteligencia artificial no debe ocupar el lugar de la persona.


Puede ser una herramienta para aprender, crear, investigar, acompañar procesos y ampliar nuestras capacidades. Pero su incorporación requiere criterios. La tecnología no es un fin en sí misma y tampoco elimina nuestra responsabilidad.


En la familia, la escuela, las universidades, los espacios de salud y la vida cotidiana, el desafío consiste en aprender a habitar estos nuevos entornos sin perder aquello que nos hace humanos: la capacidad de pensar, discernir, dialogar, cuidar, decidir y relacionarnos con los demás.


Por eso, quizá una de las preguntas más importantes que dejó esta XII Jornada en torno a la Pedagogía contextual liberadora no sea tecnológica, sino profundamente humana:

¿Qué clase de personas necesitamos formar para discernir responsablemente qué debemos hacer con las máquinas?


La respuesta no está terminada. Pero comenzar a formularla juntos es ya una forma de educarnos para el mundo que estamos construyendo.


Si no viste o quieres revivir las ponencias, te compartimos aquí el enlace:



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