Magisterio latinoamericano: Un caminar de amor hacia las personas descartadas


El caminar de la Iglesia latinoamericana ha sido diverso, intenso y fecundo. Incluso, antes de que el Concilio Vaticano II decretara el establecimiento de conferencias episcopales territoriales en cada país y región, Latinoamérica ya había vivido una primera experiencia de ello en la I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Río de Janeiro en 1955. Fruto de esa primera experiencia, el papa Pio XII aprueba la fundación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en noviembre de ese mismo año. Aunque, en realidad, la historia de la colegialidad episcopal en la región se remonta hasta finales del siglo XIX; y más atrás, incluso, si se consideran los concilios y sínodos provinciales del siglo XVI.


A partir de ese momento, la Iglesia latinoamericana inicia un camino comprometido con la inculturación del evangelio y la justicia social, particularmente con la defensa de las personas más vulnerables. Desde su inicio, la cruel realidad de los pueblos latinoamericanos interpeló a sus pastores y a sus fieles, quienes cayeron en la cuenta que la sola persistencia de tan altos niveles de pobreza y violencia en una región que se hacía llamar católica era un escándalo para la fe. ¿Cómo era posible que fuésemos más semejantes al sacerdote o al levita que al buen samaritano? ¿Cómo era posible que ignorásemos “el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano y la injusticia para con el asalariado”, lo que la tradición catequética recuerda como pecados que claman al cielo? (CCE, 1867),


Así, haciendo propias las enseñanzas del Concilio Vaticano II y conscientes de la realidad latinoamericana, se redoblaron esfuerzos por ejercer la denuncia profética contra las injusticias de la región y por reformar a la Iglesia para que cumpliera verdaderamente su papel de madre y maestra en la evangelización y salvación integral de los pueblos. De esta forma, el magisterio latinoamericano reflexionó y desarrolló las directrices del Concilio de modo que en este ejercicio también aportó al magisterio universal. En palabras del padre Scannone (2006):


Con frecuencia no [se] podrá distinguir clara y distintamente cuándo se trata de aportaciones del Episcopado Latinoamericano al Magisterio pontificio o viceversa, pero, en todo caso, […] [las] contribuciones de nuestros obispos a la DS […] [se realizaron] con enfoques, acentos y niveles de concreción distintos, según las circunstancias y los contextos.


De las muchas contribuciones del magisterio latinoamericano al pensamiento social cristiano, quisiera rescatar dos: la opción preferencial por los pobres y el método ver-juzgar-actuar.

Si la Biblia muestra la predilección de Dios por los últimos de la historia y la Iglesia tiene una tradición milenaria de cercanía y defensa para con las personas descartadas, ¿cuál es el aporte del magisterio latinoamericano? En primer lugar, la actualización de las intuiciones del Concilio Vaticano II a las exigencias de las problemáticas latinoamericanas del momento que desembocó en la formulación del principio de la opción preferencial por los pobres. En Medellín (1968), se distingue entre la pobreza material, no deseada por Dios, la pobreza espiritual entendida como disponibilidad a la voluntad del Señor y la solidaridad con los pobres que al mismo tiempo implica la denuncia contra la opresión en que viven. En Puebla (1979) se formula sintéticamente, de modo que fue retomada por San Juan Pablo II como una de las claves de su pontificado (v.g., Sollicitudo Rei Socialis, 47) Incluso, quedó plasmado en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (182-184) como parte del principio del destino universal de los bienes.


En segundo lugar, la comprensión del fenómeno. Si bien se reconocía a la pobreza material como un mal no deseado por Dios, no se culpaba al pobre por su situación como en otras tradiciones religiosas. Por el contrario, se identificaron relaciones y estructuras humanas injustas como las causantes y reproductoras de la pobreza, es decir, como verdaderas estructuras de pecado que debían denunciarse y desmantelarse en pos de la construcción del reino de Dios en la tierra. En este sentido, también contribuyó a transitar de una visión asistencialista de la caridad a una visión donde se promueve el desarrollo humano integral haciendo partícipe a la persona descartada en la consecución de éste.


Sobre el método propuesto por San Juan XXIII (Mater et Magistra, 236), éste ha sido retomado y enriquecido por las múltiples conferencias del episcopado latinoamericano. Así, sin perder la intención de realizar un genuino discernimiento evangélico de la realidad con el objetivo de transformarla a la luz del Evangelio, Medellín y Puebla instaron a recurrir al auxilio de las Ciencias Sociales y de las Humanidades con la finalidad de poder tener un acercamiento más fiel a la realidad. De hecho, la aplicación del método pastoral influyó hondamente en el desarrollo del principio de la opción preferencial por los pobres, pues evidenció los hechos y signos injustos a los que la Iglesia se vio comprometida a responder pastoralmente con ánimos de esperanza. Finalmente, si bien el contexto pastoral y pragmático en el que se ha desarrollado, ha limitado la reflexión teórica del método, tanto teológica como epistemológicamente, ello no debe verse como un elemento negativo, sino como un aliciente para seguir profundizando en el método de la Doctrina Social de la Iglesia.


Evidentemente, estas líneas no dan justicia a las grandes contribuciones del magisterio latinoamericano no solo a la Iglesia Universal, sino a la región misma. No obstante, espero que hayan cumplido su misión de ser una primera introducción a un camino sinodal de fe, esperanza y amor, ejemplo de un compromiso evangelizador integral que promueve la fe y denuncia las injusticias en pos de la construcción del Reino; a un caminar de amor hacia las personas descartadas. Si te interesa saber más, aún estás a tiempo para inscribirte al “Diplomado en Teología y magisterio latinoamericano: Aportes al pensamiento social cristiano.” Iniciamos el 6 de septiembre. ¡No te quedes fuera!


David Eduardo Vilchis Carrillo

147 visualizaciones1 comentario