• David Vilchis

A propósito del Censo, ¿estamos ante el fin del catolicismo en México?


La publicación de los resultados del censo de Población y Vivienda 2020 ha causado mucho revuelo, particularmente en materia religiosa. El censo reportó que se mantiene la tendencia a la baja del catolicismo y al alta de otras tradiciones religiosas, particularmente de la pentecostal-evangélica. No obstante, NO nos encontramos ante el fin del catolicismo en México.


El catolicismo mexicano, aunque en constante decrecimiento, no presenta los saltos abruptos que se han observado en otros países latinoamericanos. Ahora bien, ¿el que un país sea menos católico implica que sea más ateo? Definitivamente no. De hecho, sólo en Argentina, Chile y Uruguay la población sin religión es la segunda “fuerza religiosa”. En realidad, lo que se observa es un aumento de la diversidad en ese campo, aunque los grupos evangélicos son los que muestran un crecimiento demográfico más acelerado. A decir de Berger, este cambio religioso es una de las consecuencias de la secularización.


Contrario a lo que creían sus más firmes defensores, la secularización de las sociedades no condujo a la eliminación de la religión, pero sí a su reconfiguración. La secularización, al separar las creencias religiosas de esferas como la política, la ciencia o la economía, asentó las bases del pluralismo. Por ejemplo, y de forma análoga al libre mercado, la no intervención estatal ha permitido (no siempre de forma equitativa) el asentamiento y crecimiento de otras tradiciones religiosas, las cuales lo hacen casi siempre en detrimento de la religión mayoritaria.


Cabe mencionar que, aunque en algunos grupos católicos circulaba el temor de que la pregunta sobre religión del Censo fuera desfavorable para la Iglesia Católica, en realidad, expertos han denunciado una tendencia a inflar los números del catolicismo. Pues, aunque en México existen más de 30 iglesias que se denominan católicas, si en el censo se contestaba católico, se asumía que era católico, apostólico y romano. Además, es necesario recordar que hay diferentes grados de compromiso religioso. Según datos de ENCREER, cerca del 27% de los católicos mexicanos se consideraba creyente por convicción. En contraste, 61.5% de los bíblicos (v.g., Testigos de Jehová) y 50% de los evangélicos se identificaban de esa forma.


Por lo demás, un dato que llama mucho la atención del Censo es que prácticamente se duplicó la población de personas sin religión, pues pasó de 4.7% a 8.1% en solo una década. Además, en esta ocasión el Censo tuvo el acierto de poder clasificar a los creyentes sin adscripción religiosa, los cuales se pueden diferenciar claramente de los sin religión. ¿Esto significa que 8.1% de la población mexicana es atea? No. De los 10, 211, 052 personas que se identificaron “sin religión”, solo 722, 381 se asumieron como ateos o agnósticos. Es decir, apenas 7% de las personas “sin religión” son ateas o agnósticas. Esta situación también la encontramos en Chile donde casi 29% se declara sin religión y apenas 0.4% ateo, y en Uruguay donde 34% se considera sin religión y 9% ateo. Entonces, ¿quiénes son los “sin religión”?



De acuerdo con algunas investigaciones, las personas sin religión son “desafiliados” de la religión en tres formas: 1) alejamiento físico de la comunidad religiosa; 2) desapropiación de la tradición religiosa; y 3) cuestionamiento de la jerarquía eclesiástica, la cual, a sus ojos, ya no posee ningún carisma divino. Pero de ninguna forma esta desafiliación se traduce como un ateísmo explícito, el cual implica algún grado de compromiso fáctico en la negación de la cosmovisión religiosa y excluye militantemente la incorporación de valores religiosos como el alma, la vida más allá de la muerte o la creencia en algún Ser Superior. Así, esta desafiliación se caracteriza por la falta de identificación, e incluso aversión, a una tradición religiosa, pero que mantiene, en algún grado, creencias y prácticas de carácter religioso o espiritual. Y, como son personas que han roto con su tradición religiosa, las creencias y prácticas que adoptan son una miscelánea personalizada de las encontradas en tradiciones religiosas y espirituales disímiles. En esta misma línea, la ENCREER señala que de las personas sin religión, además de libres pensadores y quienes consideran falsas a todas las religiones, 15.5% no “[cree] en una autoridad religiosa y [tiene sus] propias creencias”, 10.5% es “espiritual, pero no religioso” y 9.3% “solo [estudia] la biblia”.


Entonces, ¿qué nos dice el Censo en materia de religión? Que México es menos católico, pero no menos religioso. Nuestro país está en un proceso de diversificación del campo religioso que no podemos detener. Nos encaminamos a un país cada vez más plural, que pondrá a prueba nuestra tolerancia y capacidad de diálogo. Esta reconfiguración, en vez de “obligarnos” a adoptar una actitud combativa y hostil, debe alentarnos a, en palabras del Papa Francisco, “dejar de lado los particularismos para favorecer el bien común” y, en el amor, a “superar los prejuicios para ver en el otro a un hermano y a una hermana al que amar siempre”.


David Eduardo Vilchis Carrillo

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