• Seminario Paulo Freire

El pesebre está vacío


¿En dónde quedó el año? ¿por qué sentimos que daba lo mismo si era lunes o jueves o sábado? Lo que pensamos se resolvería en unos cuántos meses nos ha llevado todo 2020 y por los contagios en aumento quién sabe para cuándo.


Y ya está cerca la Navidad. ¿Alguno ha pensado qué nos ha pasado? ¿Por qué si volteamos el pesebre vacío lo encontramos?


El padre Víctor Codina, SJ nos invita a preguntarnos cómo podemos hacer para reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos de ser portadores de la Buena Noticia al testimoniar con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.


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Víctor Codina, SJ



La pandemia afecta a la Navidad: limitaciones de encuentros y de viajes, toques de queda, sin ferias navideñas, sin Misas del gallo, muchos comercios y restaurantes cerrados, sin abrazos.


Humoristas dibujan a José y María con barbijos, anuncian que los pastores estarán en fila, a metro y medio de distancia y con gel, que los Reyes Magos necesitarán hacerse un test antivirus y permiso para viajar a otro país.


Pero lo más nuevo de este año es que el pesebre estará vacío y los ángeles de Belén nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que iban al sepulcro de Jesús con aromas: No está aquí.


Jesús, harto de la hipocresía y contradicción de la Navidad, convertida en fiesta de consumo, iluminaciones, apariencia, superficialidad, Papá Noel y solsticio de verano o invierno, lo más opuesto a su nacimiento, ha salido del pesebre. Navidad se ha desbordado, ha explotado. ¿Dónde está Jesús?


Jesús no está en las fábricas de armamentos, ni en los narcotraficantes, ni en Wall Street, ni en Davos, ni en las m


ultinacionales mineras, hidroeléctricas, petroleras, forestales y ganaderas que destruyen la Amazonía y expulsan a los indígenas, ni en los dirigentes que cierran sus puertas y sus puertos a los emigrantes, ni en los que, como buitres, se aprovechan de la pandemia para sus intereses económicos o políticos, ni en los que esconden su dinero en paraísos fiscales, ni en los que silencian y agreden a mujeres, ni en los que abusan de niños y jóvenes, ni en los policías que asfixian a negros, ni en los terroristas que matan, ni en los que marginan a los homosexuales y al LGTB, ni en los dirigentes que juegan al golf mientras sus súbditos mueren de coronavirus.


¿Dónde está Jesús?, les preguntamos a los ángeles de Belén y nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que en la mañana de Pascua iban al sepulcro: en Galilea.


Galilea era un lugar sencillo, pobre, desconocido y despreciado, donde estaban María y Jesús, donde Jesús vivió la mayor parte de su vida y comenzó a predicar el evangelio.


¿Dónde está Galilea hoy?, ¿dónde está Jesús en estas Navidades? Jesús está en los hospitales, en los médicos, enfermeras y sanitarios que cuidan los enfermos con riesgo de su propia vida, en quienes investigan vacunas anti covid, está en los enfermos y los que mueren solos, en los que acompañan el duelo, en las residencias de gente anciana, en los campesinos y mineros que no pueden acceder a centros de salud, en los indígenas contaminados por los explotadores, en los migrantes centroamericanos que atraviesan México en el tren de la muerte para llegar a USA, en los millones de venezolanos que han dejado su país, en los africanos que atraviesan el Mediterráneo buscando mejores condiciones de vida, en aquel niño senegalés que muere ahogado en el mar mientras su madre grita angustiada pidiendo que alguien lo salve.


Jesús está en los campamentos de Lampedusa, de Lesbos y ahora de las islas Canarias, en los palestinos sin estado, en los rohinyas refugiados en Bangladesh, en jóvenes que luchan por la libertad y democracia en Hong Kong o Bielorrusia, en quienes defienden los derechos de las mujeres y la ecología, en quienes sufren los tifones y huracanes, víctimas del cambio climático. Jesús está en las maestras y maestros que se desviven para que los niños y jóvenes puedan estudiar, en el voluntariado que reparte comida, en quienes trabajan en comercios, transportes y limpieza para que no se colapse la sociedad, en los sin trabajo, techo ni tierra, en los sacerdotes, laicos y religiosas que, a través de la radio, TV, You Tube o Zoom, animan la fe, anuncian la Palabra, rezan, consuelan, infunden esperanza. Quizás este año no podamos cantar juntos el Niño Manuelito, ni Noche de paz, ni Singing Bells, ni Campana sobre campana…pero sí podremos recordar y vivir que “Donde hay caridad y amor, allí está Dios”. Soñemos juntos en construir un mundo diferente, un futuro mejor, de fraternidad y sororidad, cuidado de nuestra casa común y entonces, Jesús regresará de nuevo al pesebre.



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