• David Vilchis

Pautas del papa Francisco para construir una nueva justicia social

Transcrito por: David Eduardo Vilchis Carrillo



Creo que para construir, para analizar desde una integra revisión conceptual la idea de justicia social es fundamental referir a otro conjunto de ideas y situaciones que constituyen, a mi entender, las bases sobre la que ésta debería sostenerse.


La primera tiene que ver con la dimensión de la realidad. Las ideas [para construir una nueva justicia social] no debieran perder de vista el angustiante cuadro en el que una pequeña parte de la humanidad vive en la opulencia, mientras que una cantidad cada vez más numerosa le es desconocida la dignidad y son ignorados o violados sus derechos más elementales. No podemos pensar desconectados de la realidad y ésta es una realidad que [debemos] tener presentes.


La segunda nos remite a las formas en que se gesta la justicia. Pienso en una obra colectiva, en una obra de conjunto, en donde todos y todas las personas bien intencionadas desafían la utopía y asumen que, así como el bien y el amor, lo justo es una tarea que ha de conquistarse todos los días. Porque el desbalance es una tentación de cada minuto, por eso cada día es una conquista. Pero no solo se trata de unirse para moldear esa nueva justicia social; es necesario hacerlo con una actitud de compromiso, siguiendo la senda del buen samaritano. Y este es el tercer paradigma a tener presente, reconociendo la tentación tan frecuente de desentenderse de los demás, especialmente de los más débiles. Tenemos que asumir que nos hemos acostumbrado a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que éstas nos golpean directamente. El compromiso incondicional es hacernos cargo del dolor del otro y no resbalar hacia una cultura de la indiferencia, [ese hacer tan] cotidiano de mirar para otra parte.


No puedo dejar de mencionar como parte fundamental de esta construcción de la justicia social, la idea de la historia como eje conductor. Y esta es la cuarta y obligada reflexión para los que pretendan erigir una nueva justicia social para nuestro planeta, sedientos de dignidad: sumar al [planteamiento], la perspectiva del pasado, es decir, [la] historia, una reflexión histórica. Ahí están las luchas, los triunfos y las derrotas, ahí se encuentra la sangre de quienes dieron su vida por una humanidad plena e integrada. En el pasado están todas las raíces de las experiencias, también las de aquella justicia social que hoy queremos repensar, hacer crecer y potenciar. Y es muy difícil poder construir la justicia social sin basarnos en el pueblo, porque la historia nos lleva al pueblo, los pueblos. Será una tarea mucho más fácil si incorporamos el deseo gratuito, puro y simple de querer ser pueblo. No pretender ser élite ilustrada, sino pueblo. Siendo constantes e incansables en la labor de incluir, integrar y levantar al caído. El pueblo es la quinta base para construir la justicia social. Desde el evangelio, lo que a nosotros creyentes Dios nos pide es ser pueblo de Dios, no élite de Dios. Los que van por el camino de la élite de Dios terminan en los tan consabidos clericalismos elitistas que por ahí trabajan por el pueblo, pero nada con el pueblo, sin sentirse pueblo.


Y, por último, les sugiero que, al momento de repensar la idea de la justicia social, lo hagan siendo solidarios y justos. Solidarios al luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda: techo, tierra y trabajo, las tres “T” que nos ungen dignos. Luchando en suma contra quienes niegan los derechos sociales y laborales, luchando contra esa cultura que lleva a usar a los demás, a esclavizar a los demás y que termina en quitar la dignidad de los demás. No olviden que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia. Justos sabiendo que cuando […] damos a los pobres las cosas indispensables, no les damos nuestras cosas, ni las de terceros, sino que les devolvemos lo que es suyo. Hemos partido muchas veces esta idea de devolver lo que le pertenece.


Construyamos la nueva justicia social asumiendo que la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto e intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó siempre la función social de cualquiera de sus formas. El derecho de propiedad es un derecho natural secundario, derivado del derecho que tienen todos […] [al] destino universal de los bienes creados. [No podemos olvidar que] no hay justicia social que pueda cimentarse en la inequidad que supone la concentración de la riqueza.


Francisco

(Noviembre 30, 2020), “Videomensaje a participantes del encuentro de jueces miembros de los Comités de Derechos Sociales”, en Rome Reports.

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