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Formas de participación religiosa en la política mexicana: el caso de la CONFRATERNICE


Desde inicios de la democracia, la relación entre religión y política ha sido compleja y controvertida. La postura hegemónica, amparada en el laicismo, predica la tajante separación entre la Iglesia y el Estado y apuesta por la privatización de la religión, cuando menos, en los asuntos públicos. No obstante, en realidad, esta postura suele ignorar la acción política religiosa que se da de facto, y que obliga a los actores religiosos a buscar formas para promover proyectos y hacer oír sus voces en el espacio público. Esto ha llevado a algunos autores a replantearse el concepto mismo de laicidad o a promover la reflexión sobre la inclusión (y límites) de la participación religiosa en el espacio público. No obstante, ésta es una reflexión que no es objeto de la presente entrada. Aquí señalaré ciertas formas que algunos grupos religiosos, particularmente de cariz evangélico, han adoptado para participar políticamente en el contexto mexicano.


He de iniciar recordando que, desde el siglo XX, América Latina ha sido testigo de la expansión de grupos evangélicos, no sólo en términos numéricos, sino en términos de presencia política. Esto se ha traducido en liderazgos políticos abiertamente cristianos, principalmente evangélicos, que han alcanzado diferentes niveles de poder. En países como Brasil, Colombia, Guatemala, Argentina, Perú y Costa Rica, líderes y grupos han relacionado sus creencias religiosas directamente con su participación pública. Por ejemplo, en Brasil, Jair Bolsonaro utiliza discursos cristianos para consolidar su poder político y juega entre elementos católicos y evangélicos, según el momento o tema. Otro caso, en Bolivia, Jeanine Añez impulsó la toma del ejecutivo con mensajes de carácter cristiano y la presencia de la Biblia.


En contraste, en México, a diferencia del resto de países latinoamericanos, la temprana laicidad que se implementó desde mediados del siglo XIX desembocó en un rechazo casi absoluto a la relación entre religión y política; mismo que se convirtió uno de los principios fundamentales del sistema político mexicano. Un ejemplo de ello es que, hasta la aparición del Partido Encuentro Social (PES) en 2014, siempre fueron raros (y escandalosos) los casos donde los actores e instituciones políticas adoptaban discursos y símbolos expresamente religiosos. No obstante, esta situación ha cambiado en tiempos recientes. Así, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es el primer presidente que abiertamente ha buscado el apoyo de grupos religiosos para temas relacionados con lo moral y valores. Inclusive, su candidatura en 2018 fue respaldada por el PES y por diversas Iglesias evangélicas, como la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (CONFRATERNICE).


Debido a la laicidad y el rechazo a lo religioso en la esfera pública, grupos como la CONFRATERNICE despliegan una serie de estrategias discursivas para presentar sus principios y lenguajes religiosos en un contexto secular y laico, es decir, para que los elementos cristianos que les dan base puedan presentarse y discutirse fuera del templo. De esta forma, se construyen lo que en comunicación se denomina enunciadores, es decir, figuras imaginarias que pretenden emitir mensajes específicos hacia uno o diferentes destinatarios ideales, quienes recibirían de forma perfecta estos mensajes. Bajo esta perspectiva teórica, podemos entender cómo los actores religiosos, ya sean individuos o grupos, eligen qué elementos poner en juego en los discursos según los destinatarios, el momento y los espacios.


En el caso de CONFRATERNICE, tras analizar 85 comunicados oficiales emitidos por Arturo Farela, presidente de la organización, detecté tres grandes enunciadores: el gestor secular, el pacificador religioso y el soldado de Dios. La presencia de los tres puede dividirse en dos periodos, siendo el punto de inflexión entrambos el triunfo de AMLO en las elecciones de 2018.


El primero, el enunciador gestor secular, construye su discurso con términos no religiosos como "derechos humanos”, “interés superior del niño”, “justicia”, “libertad” o “educación”. De esta forma, traduce los principios cristianos al plano secular, principalmente en un lenguaje jurídico.


Por su parte, el pacificador religioso sí utiliza el lenguaje religioso para construirse y construir a sus destinatarios. Así, son recurrentes términos como “oración”, “Dios” y “fe”, los cuales principalmente ponen en relación con los términos de “paz” y “violencia”. Cabe decir que, tras el triunfo de AMLO, el enunciador se centró en él como el gran pacificador, es decir, como aquel que marca un cambio en el tema de violencia y paz y apoya la misma causa que la CONFRATERNICE.


Particularmente, en el enunciador del soldado de Dios, elementos como el combate al pecado permanecen constantes. Este enunciador muestra cómo la CONFRATERNICE intenta salvar al mundo de los diferentes problemas y de esta forma construye enemigos y busca aliados. No obstante, éstos cambian. Por ejemplo, el gobierno era reconocido como fuente de pecado, pero cuando AMLO llega al poder, son él y su gobierno los salvadores, quienes encarnan ciertos valores cristianos y por tanto merecen apoyo.


Este caso no tiene la finalidad de criticar o hacer proselitismo, sino presentar los principales resultados de una investigación que pretende dar cuenta de la compleja red discursiva de enunciadores y destinatarios que algunos actores cristianos construyen (no necesariamente de forma consciente) para poder participar políticamente. Y que, además, se construyen en virtud de que dar testimonio público y colaborar con el reino en la tierra son exigencias propias de la fe; lo cual los mueve a buscar estrategias que permitan poder involucrarse en esferas más allá de la religiosa. La investigación completa puede consultarse en la siguiente liga.


Erick Adrián Paz González

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