Las consecuencias de la secularización ¿Ya nos quedamos sin religión?

Por David Vilchis


Pocas teorías han sido tan paradigmáticas en las ciencias sociales como lo fueron las teorías de la modernización y de la secularización (proceso mediante el cuál, la religión va perdiendo influencia en la sociedad). En pocas palabras, éstas señalaban que la modernización de una sociedad la hacía más secular, lo que significaba la privatización de la religión. Bajo esta óptica, se llegó a afirmar que la religión eventualmente desaparecería no sólo del espacio público y de la vida social y política, sino que de la existencia humana misma. No obstante, “su infame profecía” nunca se cumplió, por el contrario, presenciamos la importancia de las religiones en procesos socio-políticos, como la democratización de Europa del Este, la lucha contra dictaduras en Latinoamérica y Asia; y la promoción activa de derechos humanos y civiles. Incluso, hemos sido testigos de cómo los fundamentalismos (corriente religiosa que promueve la interpretación literal de sus textos sagrados), acusados de ser pre o anti modernos, han logrado asumir formas, métodos y estrategias que les han permitido impulsar sus agendas a través del uso de formas sofisticadas de comunicación, organización y propaganda.


La sucesión de casos y fenómenos donde la religión jugó un papel clave hizo pensar a muchos en un “retorno” de la religión, pero cabe cuestionarnos si realmente alguna vez se fue. En realidad, parece que sólo salió del radar de los debates políticos, sociales y académicos. No obstante, sería ingenuo pensar que el mundo sigue siendo tan religioso como antes. Si bien la secularización no significó el fin de la religión, ni siquiera su relegación a la esfera privada, sí implicó una reconfiguración del campo religioso.


Uno de estos cambios lo podemos ver en lo que algunos autores han llamado sociedades post-seculares. Es decir, sociedades con instituciones y sectores en gran parte secularizados, pero que, simultáneamente, conservan grupos y tradiciones religiosas con una relevante vitalidad pública. Así, convergen en la arena pública cosmovisiones religiosas con cosmovisiones seculares que no comparten sus mismos marcos de comprensión y valoración del mundo y que muchas de las cuales no son realmente ateas.


Ilustración de Semih Kodarlak titulada RELIGIONS IN PEACE
Ilustración RELIGIONS IN PEACE de Semih Kodarlak

Otro de los cambios se puede observar en la cada vez más creciente diversidad religiosa. Sociedades que antes se caracterizaban por concentrar a la mayor parte de su población bajo una misma tradición, ahora se ven transformadas en sociedades con grupos cada vez más diversos y heterogéneos de creyentes.

Además, las mismas tradiciones religiosas no escapan de las consecuencias de la secularización. Si bien es dudoso que alguna vez las creencias religiosas hayan sido homogéneas al interior de sus tradiciones, nuestra época se caracteriza por lo que autoras como Hervieu-Leger han denominado “desregulación institucional.” Es decir, situaciones donde las y los creyentes se sienten pertenecientes a una tradición religiosa, pero no regulados, lo que permite que construyan sus creencias a manera de “collages y bricollages” distanciándose de las interpretaciones oficiales o incluyendo creencias incompatibles con el corpus dogmático.


Entonces, la secularización no desapareció la presencia de la religión en la esfera pública, sino que la hizo más compleja. Ahora, las y los creyentes tienen que convivir con 1) personas no creyentes que no comparten los mismos marcos de comprensión y valoración del mundo; 2) personas creyentes de diferentes credos; y 3) personas que, aunque se identifican como pertenecientes a la misma tradición religiosa, divergen en puntos fundamentales.


En estas situaciones se vuelve cada vez apremiante buscar cómo superar “los fanatismos, las lógicas cerradas y la fragmentación social y cultural” (Fratelli tutti, 191) y “ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar.” (Fratelli tutti, 190)


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Hace poco el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, determinó que 4 ministros de culto transgredieron los principios constitucionales de separación Iglesia-Estado al influir con ciertos actos, en el proceso electoral federal 2020-2021. Decisión que es considerada por la Iglesia como una violación a la libertad de expresión.


Por otro lado podemos pensar que el Estado laico debiera ser respetado...¿no es así?, sin embargo la libertad religiosa, que sigue creciendo en nuestro país, puede orillarnos a hacer una revisión obligada de los principios que rigen ese mutuo respeto entre Iglesia y Estado (laicidad), por el simple hecho de vivir en una democracia moderna que abre paso a nuevas concepciones y diversas voces, representantes de grupos, comunidades , instituciones, incluyendo las religiosas.


Sin duda todo esto es un tema que da pie al debate y varios temas se ponen en la mesa mientras tanto. Te invitamos a dialogar y reflexionar sobre la sentencia del #tribunalelectoral a ministros de culto en:




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