Tecnologías adecuadas para el cuidado de la casa común

En la actualidad vivimos en una crisis dual: ambiental y social. Ambas caras de la moneda han sido abordadas continuamente en los espacios académicos del IMDOSOC. Al terminar las sesiones, frecuentemente las personas asistentes me preguntan: “Alex, ¿qué podemos hacer para revertir esta situación? ¿Cómo podemos actuar desde nuestro entorno cercano?”. Desafortunadamente, la mayoría de las veces, me encontraban sin respuesta. En las siguientes líneas trataré de remediar dichas omisiones ofreciendo, si acaso, un atisbo de esperanza.


¿A qué nos referimos con tecnologías adecuadas?

En un pionero y heterodoxo libro, Ernst Friedrich Schumacher, realizaba una aguda distinción entre las falsas promesas de algunas soluciones tecnológicas y la tecnología apropiada para contextos de alta pobreza y marginación:


“El sistema de producción masiva basado en una tecnología sofisticada intensiva en capital, con una dependencia energética alta y ahorradora de mano de obra, presupone que ya se es rico, porque para establecer un solo puesto de trabajo se necesita una cantidad considerable de inversión de capital. El sistema de producción por las masas moviliza los recursos inapreciables que poseen todos los seres humanos, sus cerebros inteligentes y sus manos habilidosas […] La tecnología de la producción masiva es inherentemente violenta, ecológicamente dañina, autodestructiva en términos de recursos no renovables, y embrutecedora para la persona humana. La tecnología de la producción por las masas, haciendo uso de lo mejor del conocimiento y experiencia modernos, conduce a la descentralización, es compatible con las leyes de la ecología, es cuidadosa en su uso de los recursos escasos y se adapta para servir a la persona humana en lugar de hacerla sirviente de las máquinas” (Schumacher, 1983, p. 160-1).


Las tecnologías adecuadas responden a lo que hace unas décadas el autor denominaba tecnologías de producción por las masas. En naciones donde la mano de obra es abundante y el capital es escaso, los últimos avances tecnológicos en ocasiones poco tienen que aportar para el bienestar de la población. También llamadas “tecnologías intermedias”, se caracterizan por utilizar soluciones prácticas, accesibles y económicas para solventar las necesidades acuciantes del sostenimiento de la vida sin generar un alto impacto en el medio ambiente.


En próximos meses, en IMDOSOC estaremos realizando una serie de seminarios con la finalidad de explorar posibles alternativas de tecnología adecuada, con énfasis en la intervención comunitaria, para la conversión ecológica. La reflexión buscará ahondar en experiencias de una corta lista de temas:


1. Cuestiones relacionadas con la provisión de energía, principalmente con el énfasis de conocer de proyectos comunitarios de autoabastecimiento (uso de biodigestores y aprovechamiento de la energía solar).

2. Cuestiones relacionadas al soporte vital, tanto de alimentos, donde buscaremos acercarnos a la agroecología urbana y rural, como a los proyectos de captación y reutilización de agua.

3. Experiencias exitosas de sistemas de comunicación comunitaria.

4. Experiencias exitosas de auto construcción sustentable y gestión social de la vivienda.


6 interrogantes y esperanzas de las tecnologías adecuadas

Para no perder la brújula ante tan promisorias noticias me permito enumerar una serie de interrogantes y esperanzas que bien pueden servir de rasero para evaluar las experiencias de tecnologías adecuadas.


En primer lugar, deben de servir para la inclusión de personas descartadas y en situación de pobreza o vulnerabilidad. Retomando las palabras de Schumacher, la tecnología sofisticada es intensiva en capital y ahorradora de fuerza de trabajo, dejando excluidos a cada vez más personas del sistema productivo y, en consecuencia, marginándolos de toda posibilidad de bienestar. La tecnología adecuada, por el contrario, al utilizar soluciones más intensivas en fuerza de trabajo (aunque no rudimentarias, sino sólo asequibles) nos encamina a revalorizar el potencial productivo de cada quien en la comunidad. La economía que nacería (queremos soñar) es una donde cada quién tenga su lugar.


En segundo lugar, deben de implementarse mediante un patrón que asegure el consumo sustentable y armonioso con el medio ambiente. En términos generales, la tecnología no puede ser considerada como “adecuada a su entorno” si se mantiene mediante un uso desmedido de los recursos naturales. Tampoco constituiría una alternativa viable a las formas de organización social predominantes en la actualidad que ejercen una considerable presión ambiental. La tecnología adecuada no deberá comprometer los recursos del futuro por el confort del presente.


En tercer lugar, esperamos observar que congreguen alguna forma de acción colectiva. La implementación de la tecnología adecuada es el pretexto para explorar como las comunidades actúan en conjunto para resolver problemas que el Estado y otras formas de organización social han fallado en subsanar. En el fondo somos conscientes de que ningún cambio social de amplitud ha ocurrido por la voluntad de uno sólo, sino por el actuar en concierto del conjunto. Las solidaridades y los afectos juegan un papel central en mantener la cohesión. La gran interrogante en este nivel es discernir cómo los grupos sociales logran mantener la unidad en la pluralidad.


En cuarto lugar, para resolver las necesidades de la comunidad, las tecnologías adecuadas surgen desde lo local. Esto conlleva una presuposición muy original, es menester reducir la escala desde la que se implementan las soluciones. En muchas ocasiones, las recetas proporcionadas desde el exterior no responden a las verdaderas necesidades de las comunidades y los problemas no podrán ser resueltos hasta que las mismas personas tomen cartas en el asunto. Las soluciones globales difícilmente se adaptan a los contextos locales. En muchas ocasiones es más valiosa la innovación social culturalmente adaptada que la tecnología de punta más sofisticada.


En quinto lugar, la implementación de tecnologías adecuadas debe de aumentar el poder de control social. Un ejemplo puede servir para clarificar este punto. En algunas zonas del sureste mexicano, la transición energética se ha visto obstruida por el aumento de la conflictividad en torno a los parques eólicos que funcionan convirtiendo los flujos de aire en energía eléctrica. Las causas se encuentran en la forma en que se han establecido los contratos. En muchas ocasiones las grandes empresas transnacionales rentan las parcelas a comunidades locales, instalan la maquinaria y venden la energía eléctrica a complejos industriales en otras zonas del país. Aunque dicha tecnología es amigable con el medio ambiente, se encuentra totalmente aislada de la posibilidad de control social de las comunidades en las que las turbinas son instaladas, donde no se benefician de su uso y en ocasiones reciben exiguos pagos por el uso de la tierra.


En sexto y último lugar, toda solución implementada debe reconocer que en la centralidad del proyecto se encuentra la persona humana. Ya sea desde un punto de vista práctico o técnico-científico, es de suma importancia evitar el fetichismo de la tecnología, es decir, considerar que toda solución técnica es mejor cuanto más compleja. Esperamos celebrar experiencias de tecnología adecuada con las que las personas implementadoras y beneficiarias encuentren no solo satisfacción de sus necesidades materiales, sino también un experiencia de armonía con el producto de su obra.

Con estas ambiciones en el horizonte, podemos establecer – de forma temporal- el lema del seminario:


La salida será colectiva o no será


Alejandro Aguilar Nava


Dudas y comentarios siempre bien recibidos al final de la página o al correo de alejandro.aguilar@imdosoc.org


Invitamos a los lectores a mantenerse alertas a las transmisiones en línea en nuestra página de Facebook. Quienes estén interesados en ser parte del seminario pueden escribir a david.vilchis@imdosoc.org

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