• Alejandro Aguilar

Breve nota sobre las desigualdades


La pobreza es un fenómeno social que normalmente ocupa nuestra atención. Es intolerable que exista gente en pobreza, es decir, que no cuente con las necesidades básicas cubiertas y las capacidades mínimas que garanticen una vida humana. En la actualidad, y a causa de la crisis social, económica y sanitaria, cerca de uno de cada dos mexicanos se encuentran en esta situación. Sin embargo, nos equivocamos al pensar que la pobreza es el problema. Pensemos en una enfermedad, como Covid-19: nos damos cuenta en primera instancia de la enfermedad porque una persona presenta casi invariablemente fiebre, pero la fiebre es el síntoma, mientras que la enfermedad es un virus muy particular que está en el origen del malestar. Lo mismo sucede con la pobreza, no es la enfermedad en sí sino sólo el síntoma. En este caso, la enfermedad social es la desigualdad.


¿A qué nos referimos cuando hablamos de desigualdad? La desigualdad se expresa fundamentalmente en términos económicos, como la concentración de la riqueza en unas pocas personas: el hombre más rico del mundo tiene una fortuna estimada en 108, 700 millones de dólares, mientras que 700 millones de personas en el mundo (1 de cada 10) viven con menos de dos dólares al mes. Por eso afirmamos que la pobreza no es el problema en sí, no significa que no haya suficiente riqueza en el mundo para que todos vivamos una vida digna, sino que la que hay está mal distribuida.


Sin embargo, el diagnóstico de la desigualdad tiene que ir más allá de lo económico. Las desigualdades tienen muchas facetas. La interseccionalidad es una herramienta que nos sirve para identificar cómo una persona puede sufrir distintas formas de desigualdad combinadas. Pensemos en Victoria Salazar, tristemente célebre por su asesinato cometido por policías en Tulum. Una serie de desigualdades se concentraron en su persona al punto que terminaron en tan horrible crimen. En primer lugar, era de escasos ingresos, como la gran mayoría de sus compatriotas salvadoreños. En segundo lugar era mujer, lo que la hace más susceptible de abuso policial que los hombres (hablamos de desigualdad de género). En tercer lugar, era inmigrante lo que la colocaba en una situación de desigualdad frente a quienes tienen en privilegio de habitar su nación. En cuarto lugar tenía un perfil fenotípico (rasgos faciales y color de piel) que la identificaban con grupos históricamente excluidos…


Si nos damos cuenta, después de un análisis somero ya tenemos un mapa algo definido de cómo operan las desigualdades: se acumulan y se concentran. El mismo mapa podría volverse más profundo según vayamos agregándole capas de desigualdad.


Alejandro Aguilar Nava

Preguntas y comentarios siempre recibidos en alejandro.aguilar@imdosoc.org

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