Educar es abrir los ojos a la realidad.


Con emoción y orgullo por el trabajo realizado por tantas personas, les puedo comunicar que estamos a un mes de que se lleve a cabo la VIII Jornada en torno a la Pedagogía Contextual Liberadora, IMDOSOC: “Educándonos para un futuro compartido. Transformación eco-social y construcción de ciudadanía global”.


En las siguientes semanas vamos a acercarnos más a temas que están directamente relacionados con el Pacto Educativo Global para que al llegar el 2 de octubre, junto con el recorrido que hemos hecho de la Educación 4.0, estemos más que preparados para asistir a la Jornada que será por Zoom y transmitida por Facebook para que nadie quede fuera.

El Papa Francisco nos dice que la educación, ese fascinante mundo, es una realidad dinámica, es un movimiento que saca a la luz a las personas. Se trata de un tipo de movimiento peculiar, con características que lo convierten en un dinamismo de crecimiento, orientado al pleno desarrollo de la persona en su dimensión individual y social.


Una propiedad de la educación es la de ser un movimiento ecológico. Es una de sus fuerzas motrices hacia el objetivo formativo completo. La educación que tiene en el centro a la persona en su realidad integral, tiene como finalidad llevarla al conocimiento de sí misma, de la casa común en la que vive, y sobre todo al descubrimiento de la fraternidad como relación que produce la composición multicultural de la humanidad, fuente de enriquecimiento mutuo.


Este movimiento educativo, contribuye a la recuperación de «los distintos niveles de equilibrio ecológico: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el espiritual con Dios». Esto requiere, por supuesto, educadores «capaces de replantear los itinerarios pedagógicos de una ética ecológica, de manera que ayuden efectivamente a crecer en la solidaridad, la responsabilidad y el cuidado basado en la compasión» (LS n. 210).


En cuanto al método, nos dice el Papa, la educación es un movimiento inclusivo. Una inclusión que va hacia todos los excluidos: por la pobreza, por la vulnerabilidad debida a guerras, hambrunas y desastres naturales, por la selectividad social, por las dificultades familiares y existenciales.


Una inclusión que se concreta en acciones educativas a favor de los refugiados, de las víctimas de la trata de personas, de los migrantes, sin distinción alguna de sexo, religión o etnia. La inclusión no es un invento moderno, sino una parte integral del mensaje salvífico cristiano. Hoy es necesario acelerar este movimiento inclusivo de la educación para poner un alto a la cultura del descarte, que rechaza la fraternidad como elemento constitutivo de la humanidad.


Otra característica de la educación es la de construir paz, portadora de paz y armonía. Los jóvenes, con su compromiso y su sed de verdad «nos recuerdan constantemente que la esperanza no es una utopía y la paz es un bien siempre posible» (Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 9 de enero de 2020). El movimiento educativo, constructor de paz es una fuerza que hay que alimentar contra la “egolatría” que genera la no paz, las rupturas entre generaciones, entre pueblos, entre culturas, entre poblaciones ricas y pobres, entre masculino y femenino, entre economía y ética, entre humanidad y medio ambiente


Estas heridas sociales, que enferman las relaciones, esconden un miedo a la diversidad y a la diferencia. Por eso, la educación está llamada con su fuerza pacificadora a formar personas capaces de comprender que la diversidad no obstaculiza la unidad, sino que es indispensable para la riqueza de la propia identidad y de la de todos.


Otro elemento típico de la educación es el de ser un movimiento de equipo. Nunca es la acción de una sola persona o institución. Y hoy se necesita que sea un movimiento mundial.



Este movimiento de equipo ha estado en crisis desde hace tiempo, es por eso que el Papa Francisco ha lanzado el Pacto Educativo Global: «Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna» y con esta alianza como consecuencia directa al implementarla, que podamos trabajar todos juntos para hacer que la educación, siempre capaz de abrir los ojos a la realidad, se convierta en: «La valentía de colocar a la persona en el centro [...]. La valentía de invertir las mejores energías [...] La valentía de formar personas disponibles que se pongan al servicio de la comunidad» (Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo, 12 de septiembre de 2019)


¡Hasta la próxima!




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