La paz sólo es posible si existe un cambio individual con efectos comunitarios.

Cuando se está convencido de que la educación es, si no la más importante si la más efectiva para un verdadero cambio social a favor de la justicia, la paz, la solidaridad y el bien común, se necesita alzar la voz para que podamos tener la mejor educación que acompañe a cada persona a su plena realización, la de los demás y la de su entorno.

Es por ello que en el Seminario Paulo Freire, autor de este blog, nos ocupamos por presentar a ustedes, nuestros lectores, los temas que orientan nuestra reflexión para poder ofrecerles, como lo hemos venido haciendo año tras año el primer sábado de octubre, la Jornada en torno a la pedagogía contextual liberadora. Los temas que enriquecen el Seminario son muchos y muy variados ya que la educación debe de ser analizada desde la complejidad y con esta mirada compleja escogemos lo que consideramos más pertinente por el momento histórico que estamos viviendo


Hoy nos cuestionamos qué hemos hecho para que no sólo en México, sino en todo el mundo el individualismo se haya apoderado de nuestro ser. Por qué no podemos creer que ser educado para la paz significa ser una persona que sabe transformar los conflictos para fortalecer la fraternidad humana. Por qué no podemos creer que la paz sólo es posible si existe un cambio individual con efectos comunitarios.



A lo largo de este blog hemos dejado ver la urgencia de un Pacto Educativo Global que al ponerlo en práctica, con la persona en el centro, daría como resultado una nueva manera de educar encaminado a crear entre todos una nueva humanidad. O sea, unir esfuerzos para realizar una trasformación cultural profunda, integral y de largo plazo a través de la educación.


Pareciera que nos ha ganado la sed de poder y ya nos rebasó el egoísmo y la eterna ceguera de ver al otro, a los otros. Los medios de comunicación y las redes sociales publican día con día hechos violentos que ocurren en diferentes partes del mundo. Al parecer, la cultura de la violencia permanece latente sin ánimo de desaparecer por un buen tiempo.

Más no desesperemos ya que para acabar con la idea de que las guerras y las violencias son necesarias, y que son la única alternativa ante los conflictos, el papel de la educación es un instrumento de transformación pacífica de esos conflictos humanos. Necesitamos una educación que tenga la capacidad de dotar de sentido integral a la vida de las personas y sensibilizarlas para la acción comprometida y solidaria con los demás, con la naturaleza y con la urgente salvación del planeta.


Se trata de una educación con amor, un acto de esperanza, que nos permita mejorar nuestro mundo y disfrutar de nuestras experiencias con el otro diferente, sin prejuicios ni discriminaciones. Si queremos vivir en paz, tenemos que tener pasión por la paz y entender que la paz no se impone por algunos, sino se construye entre todos, y que los seres humanos tenemos capacidades para transformar los conflictos de manera pacífica y hacer que el mundo sea más armonioso y más seguro. Y entonces sí podemos retomar con más fuerza la urgencia de ese Pacto Educativo Global que pretende crear una aldea mundial de la educación donde toda persona pueda desarrollarse integralmente junto con los demás y con su entorno.


Hacer de la educación una instancia formativa generadora de personas nuevas que en el futuro creen economías, políticas y ecologías sanas, en suma, un nuevo modelo de desarrollo. Una educación para la paz que no debe ser exclusiva de las aulas, sino constituirse en el elemento nuclear también de los hogares, de las familias, de los centros deportivos y de ocio para los niños y los jóvenes, porque en definitiva ha de ser la herramienta de la cultura y de la diversidad de todas y cada una de las civilizaciones que conforman el mosaico de nuestro planeta. Una educación para la paz que proporcione herramientas para que, como ciudadanos, entendamos el complejo mundo en el que vivimos para poder participar con conocimiento e imaginación en la transformación de sociedades injustas creadoras de conflictos que amenazan a la humanidad, así como en la protección de los recursos naturales para su uso equilibrado respetando el principio del destino universal de los bienes.


Educar para transformar la realidad, tanto en lo individual como en lo social, no es inmediato ni de corto plazo; sin embargo debe empezar a hacerse ya y no debemos permitir que ninguna persona, institución o gobierno destruya el proyecto humanizador de la educación que empieza desde la más temprana edad y no acaba.


Te invitamos a educarnos y a educar para la paz desde nuestro quehacer docente, ya que todos nos educamos a todos.


Si quieres saber más o compartir tus reflexiones sobre los temas que aquí presentamos, te invitamos a acercarte al Seminario Paulo Freire.


¡Hasta la próxima!

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