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¿Por qué otra economía es necesaria?

Actualizado: 14 mar

Por Alejandro Aguilar

 

La desigualdad extrema es el cáncer de las sociedades contemporáneas. Como todo buen profesional de la medicina sabe, aunque los síntomas resulten evidentes, la causa subyacente requiere un análisis más detallado. Así ocurre con la desigualdad, las expresiones de sociedades extremadamente desiguales desfilan frente a nuestros ojos: pobreza extrema, injusticias ambientales, falta de acceso a derechos políticos y sociales. No obstante, pocas veces la raíz del problema es señalada.


A lo largo de este texto, haré uso de un recurso explicativo que consiste en separar a la población en 4 grupos diferentes (Top 1%, Siguiente 9%, Medio 40% y Fondo 50%) correspondientes a un porcentaje de la población ordenados según alguna medida de desigualdad. La pirámide y la tabla que mostraremos a continuación, expresan la composición de cada uno de los sectores. En una sociedad plenamente igualitaria la riqueza se distribuiría de forma proporcional al tamaño del grupo seleccionado. Por ejemplo, si tomáramos al 1% de la población mexicana (1,287,047 personas) concentrarían el 1% de la riqueza. En tales casos no sería necesario ordenarlos de más ricos a más empobrecidos, como señala la flecha amarilla.


Fuente: Elaboración propia con base en “World Inequality Database”

 

En contraste con la bien definida pirámide, las gráficas que observaremos a continuación parecen estar invertidas (con la base más delgada que la cima) pues la desigualdad es tal, que la concentración en los grupos más pequeños (Top 1% y Sig 9%) es mucho mayor que en el grupo más grande (Fon 50%).

 

I. La desigualdad extrema produce pobreza extrema


Las desigualdades de riqueza e ingresos son los dos principales parámetros para medir desigualdad económica. Con base en la World Inequality Database que recauda información sobre desigualdad económica sobre países de todo el mundo, los datos de 2022 reflejan que el 1% más rico de México recibía poco más de un cuarto del ingreso nacional. En el otro lado de la distribución, la mitad más pobre del país (más de 60 millones de mexicanas y mexicanas, el 50% del “fondo” en la distribución) recibían en conjunto solo 1 de cada 20 pesos de ingresos[2].

La cuestión es más preocupante cuando se habla de riqueza[3]. El 1% más rico de México acumula prácticamente la mitad de la riqueza del país. La otra mitad se distribuye entre sectores intermedios, que de forma simplificada podríamos llamar las clases “altas” y “medias” (siguiente 9% y medio 40%). El 50% del “fondo” –recordemos, la mitad más empobrecida del país– no tiene riqueza neta (el total de este segmento es negativo, es decir, población endeudada).


Fuente: Elaboración propia con base en “World Inequality Database”

Fuente: Elaboración propia con base en “World Inequality Database”

 

Entonces, no es casual que México sea uno de los países con incidencia de pobreza y pobreza extrema. No contar con ingresos ni riqueza suficientes resulta en la ausencia de condiciones para sostener una vida digna. En la actualidad (datos del 2022), más de 1 de cada 3 habitantes del país viven en situación de pobreza (36%) siendo que en el auge de la pandemia (2020) casi la mitad se encontraron en desesperada situación (43.9%). La pobreza extrema, entendida como la incapacidad de adquirir los alimentos necesarios para subsistir aún afectaba a siete de cada 100 mexicanas y mexicanos en la misma fecha[4].

Tristemente, en el modelo económico en el que vivimos, la riqueza de unas pocas personas tiene como condición la pobreza de muchas otras.

 

II. La desigualdad extrema produce injusticias ambientales


Dada la dimensión de la desigualdad económica, no es de extrañar que esto se traduzca en términos ambientales. Si utilizamos una estrategia similar a la anterior, ordenando a la población en estratos desde los que más contaminan a los que menos, notamos que un pequeñísimo sector de la población, el Top 1%, genera cerca del 15% de las emisiones contaminantes de dióxido de carbono. En el otro extremo, el 50% del genera tan solo un poco más, el 22%. Para poner en perspectiva los datos, recordemos que este último grupo es 50 veces más numeroso que el primero, pero genera en conjunto tan sólo un poco más. Tomadas por separado, en promedio, una persona del Top 1% emite al año alrededor de 72 toneladas de CO2 mientras que una del 50% del “Fondo” tan sólo 2, es decir ¡36 veces menos![5]


Fuente: Elaboración propia con base en “World Inequality Database”

Fuente: Elaboración propia con base en “World Inequality Database”

La injusticia ambiental estriba en que mientras unas personas concentran los más altos índices de la contaminación y degradación ambiental de la casa común (en este caso, medida sólo como emisiones de CO2) son otras personas las que se encuentran más expuestas a los efectos negativos ocasionados. Para darnos una idea de cómo la desigualdad influye en la vulnerabilidad al cambio climático, hagamos un pequeño experimento mental donde nos imaginemos una de tantas comunidades de pescadores y trabajadores de la industria turística de los alrededores de Acapulco afectados por el huracán Otis.


La fórmula con que se calcula la vulnerabilidad es la siguiente:



Eventos como el huracán Otis afectan a personas de todos los estratos socioeconómicas, pero no de la misma forma. El huracán causó sorpresa por la rapidez con la que evolucionó, alcanzando vientos de altas velocidades. Sobra decir que el aumento de la intensidad de los huracanes está muy relacionado con los cambios inducidos sobre la atmósfera en las últimas décadas. En cambio, la sensibilidad a la exposición a esta clase de eventos depende totalmente del estrato socioeconómico: mientras mayor ingreso y riqueza, las personas pueden vivir en urbanizaciones más seguras y menos sensibles (desde materiales de construcción, servicios públicos y ubicación), al contrario que las personas más empobrecidas. Lo mismo sucede en el ámbito de la capacidad adaptativa. La ausencia de recursos económicos dificulta en extremo sobrellevar este tipo de eventos. La comunidad de pescadores difícilmente puede buscar otro medio de vida, acondicionar sus viviendas y comunidades para futuras catástrofes o mudarse a terrenos más seguros.


La misma distribución desigual de riesgos y de posibilidades de resiliencia se puede observar en prácticamente en todos los registros: desde contingencia sanitarias por la deposición de residuos peligrosos hasta incendios forestales, desde los problemas de contaminación del aire hasta la pandemia de COVID 19. Aunque todos vivimos en la misma casa común, quienes menos tienen siempre son los más perjudicados por su deterioro, aunque los menos responsables pues sus estilos de vida son mucho más sustentables.


En resumen, la necesidad de otra economía se vuelve ineludible al examinar los efectos devastadores de la desigualdad extrema en nuestras sociedades contemporáneas. La desigualdad económica se manifiesta como un cáncer que permea cada aspecto de la vida social, generando pobreza extrema, injusticias ambientales y vulnerabilidad a los estragos del cambio climático. La distribución desigual de la riqueza y los ingresos crea un abismo entre unos pocos privilegiados y una gran masa de empobrecidos, con consecuencias desastrosas para la dignidad humana y el bienestar colectivo. En este contexto, la llamada a una transformación económica que promueva la equidad, la justicia social y la sostenibilidad ambiental se hace más urgente que nunca.

 

¡Es hora de repensar nuestros modelos económicos y avanzar hacia sistemas que prioricen verdaderamente el bien común!

 

Este, y otros temas, los discutiremos a profundidad en la Escuela Internacional de Verano de Economía de Francisco con perspectiva latinoamericana. ¿Quieres saber más sobre esta experiencia formativa? ¡Consulta nuestra página web!👇🏼




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Referencias

CONEVAL. “POBREZA EN MÉXICO​ Resultados de pobreza en México 20​22 a nivel nacional y por entidades f​ederativas​”, s/f. https://www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/PobrezaInicio.aspx.

“World Inequality Database”, s/f. https://wid.world/es/pagina-de-inicio/.

 

[1] De cara a la próxima Escuela Internacional de Verano con perspectiva latinoamericana de  Economía de Francisco, organizada por el IMDOSOC y el CIESS de la Universidad Iberoamericana, dedicaré una serie de entradas de blog a examinar problemáticas socioeconómicas y explorar alternativas para repensar la economía.

[2] Todos los datos pueden consultarse en línea en: “World Inequality Database”, s/f, https://wid.world/es/pagina-de-inicio/.

[3] Recordemos que el ingreso es un flujo monetario, que se mide en un intervalo de tiempo, normalmente anual. La riqueza, por el contrario, es un acumulado, un “stock” que puede comprender una gran diversidad de objetos de valor (activos físicos, participaciones en empresas, propiedades inmobiliarias, etc).

[4] “POBREZA EN MÉXICO​ Resultados de pobreza en México 20​22 a nivel nacional y por entidades f​ederativas​”, CONEVAL, s/f, https://www.coneval.org.mx/Medicion/Paginas/PobrezaInicio.aspx.

[5] De nueva cuenta, los datos pueden consultarse en la “World Inequality Database”.

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