¿El que no transa no avanza?

Abril 5, 2009 Sin comentarios


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«No pido que me den, sino que me pongan donde hay», «en México el que no transa no avanza», «todo se puede con una lana», éstas y otras expresiones manifiestan dolorosamente el grave problema de corrupción que vivimos.en México, ¿debemos considerar normal esta situación?

Stephen D. Morris, en su libro Corrupción y Política en el México Contemporáneo, presenta varias definiciones de corrupción: «Uso ilegítimo del poder público para el beneficio privado», «todo uso ilegal o no ético de la actividad gubernamental», «el uso arbitrario del poder»… Sin embargo, estas definiciones no consideran la complejidad del fenómeno que vivimos en México. En efecto, en nuestro país la corrupción no sólo la realizan los políticos, sino muchos ciudadanos desde los ámbitos más diversos.

El término corrupción tiene varios significados, entre ellos el de pervertir o cambiar la naturaleza buena de una cosa por otra mala, por ejemplo, es natural que un comunicador informe y exprese sus opiniones sobre las noticias, pero no lo es cuando crea pánico o aprovecha los medios para recibir sobornos por callar o deformar la verdad. Corrupción también significa romper, partir o descomponer algo, como ocurre cuando una fruta se corta y se deja a la intemperie; significa, además, desintegración o destrucción progresiva de un ser, por ejemplo, un cadáver en descomposición. La corrupción moral, por su parte, es la depravación progresiva de las costumbres, de las virtudes y de las leyes. Obviamente, se trata de un cambio negativo en la conducta de las personas, quienes en lugar de actuar conforme a su naturaleza de seres racionales y libres, que orientan su vida hacia un destino cada vez más pleno y más humano, se pervierten y actúan dañando a otras personas y comunidades en los bienes y servicios a los que en justicia tienen derecho.

El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional (TI), que clasifica a los países en función del grado de corrupción que perciben los empresarios, académicos y analistas de los países evaluados, que se presentó el año pasado, indica que “con países como Somalia e Irak entre aquellos con mayores niveles de corrupción percibida [se] advierte sobre el grave vínculo entre la pobreza, las instituciones que no cumplen sus funciones y el soborno”. Lo cual quiere decir que existe un círculo vicioso entre pobreza y corrupción, en donde la falta de servicios de salud se convierte en un medio de cultivo para la corrupción, y las personas más pobres son las mayores víctimas de este fenómeno.

En el caso de México, el IPC nos colocó el año pasado en el lugar 72 de 180 países. Es necesario advertir que la corrupción no es un fenómeno aislado que aparece de pronto, sino que lentamente se va gestando: primero en el pensamiento, en la conciencia y luego se convierte en hecho, en delito. Esto significa que muchos niños aprenden de los mayores a ser corruptos, a imitarlos en sus malas acciones y a recibir de ellos no sólo mal ejemplo sino hasta complicidad.

La corrupción está en la cultura popular, basta pensar en frases como: «no pido que me den, sino que me pongan donde hay», «en México el que no transa no avanza», «todo se puede con una lana», éstas y otras expresiones semejantes manifiestan dolorosamente el grave problema de corrupción que vivimos. También está en personas con formación profesional, por ejemplo, en los llamados delitos de cuello blanco y por supuesto en funcionarios públicos que se cobijan en la impunidad.

Por otra parte, la corrupción en nuestro país no es un problema homogéneo, ya que el grado de corrupción varía notablemente entre los estados de la república, el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno de Transparencia Mexicana, indica que en 2007 se presentaron más de ¡197 millones de actos de corrupción! Casi dos por cada habitante.

Si este dato resulta sorprendente, es más sorprendente que las familias mexicanas hayan destinado 8% de su ingreso al pago de mordidas en trámites y servicios públicos, lo que quiere decir que en 2007 los mexicanos gastamos 27 mil millones de pesos en actos de corrupción. Y como todo sube…

Algunos argumentan que la corrupción es parte de la condición humana, que nadie es perfecto y que todos nos equivocamos, que siempre ha existido y que no queda otra opción que tolerarla, pues está en la médula de las personas, pero esta manera de ver las cosas nos puede hacer caer en una peligrosa indiferencia que nos hará perder la capacidad de asombro ante los hechos de corrupción, que pueden llegar a parecernos normales y con ello, hacer más difícil abatir, por ejemplo la impunidad que persiste en nuestro sistema de justicia. Ese es el peligro y el reto a vencer.


5 de abril de 2009. Manuel Gómez Granados. La Crónica de Hoy.

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