top of page

¿Puede la fe entrar en política? De la influencia a la fertilización

Actualizado: 28 feb 2022

Por Alex Aguilar


La respuesta simple es un breve y lacónico (conciso) “sí”. La respuesta larga es, como siempre, más compleja. Para hacerla más digerible, ofrezco al lector cuatro tesis que condensan mi concepción sobre la laicidad (entendida como la autonomía entre la esfera religiosa y la esfera público-política) y que buscan continuar la tan importante discusión en torno al Estado laico y la libertad religiosa.




Tesis 1: No hay libertades reales sin cortapisas.


En ocasiones, solemos escuchar comentarios sin mayor reflexión donde se argumenta que cualquier acción significa la violación de la libertad de alguien. Por ejemplo, aunque la libertad de expresión sea fundamental para el funcionamiento de las democracias, no hay libertad que funcione sin ninguna clase de límites. El filósofo austriaco Karl Popper lo identificó muy bien con su paradoja de la tolerancia: en una sociedad donde todos los discursos estén permitidos, sin importar su naturaleza, se corre el riesgo de que existan discursos que vulneren la libertad misma. En cuidado del bien común, las libertades deben de estar bien resguardadas bajo ciertos límites.

En nuestro caso, la relación entre laicidad y libertad de expresión es de delicada interdependencia. Tener un Estado laico nos garantiza poder profesar la religión de nuestra elección, al mismo tiempo que tener libertad de expresión permite que la podamos enunciar públicamente. Es decir, no hay una efectiva libertad de expresión sin laicidad. Así, un discurso que vulnere la laicidad pone en riesgo la propia libertad de expresión en la que se procura sostener. Entonces, ¿cómo el discurso religioso puede participar de la política?


Tesis 2: La laicidad es un arreglo dinámico que se redefine constantemente.


Lejos nos encontramos del tiempo de guerra entre el aparato político y los sectores religiosos, enfrentamientos que provocaron nada bueno a ninguno de los dos bandos. Establecer una brecha insalvable entre ambos, además, es negar las contribuciones indiscutibles que se han realizado a lo largo del tiempo y que nos habla de una historia muy diferente al conflicto. Los discursos públicos, hoy considerados seculares, han sido nutridos en su pasado por discursos de orientación moral-religiosa. Uno de ellos, pocas veces recordado, viene muy a cuento con el debate que nos ocupa. El historiador de Yale, Samuel Moyn, escribió hace unos años un excepcional libro sobre el origen cristiano de los derechos humanos. En muy pocas palabras, que no hacen justicia al texto de Moyn, la forma en que éstos se volvieron realidad está íntimamente ligada a la preconización cristiana de la dignidad de la persona como un bien innegable.

Un punto que nos puede ayudar a discernir, como personas que profesamos alguna fe, es preguntarnos el sentido de nuestra intervención política con un discurso religioso. Lo que en ocasiones observamos es una búsqueda de “influencia” política desde una posición privilegiada en la estructura religiosa y la fe en una verdad, que puede ser muy cierta para nuestra comunidad, pero no para el resto de la sociedad en la que nos desenvolvemos. Esa clase de intervención vulnera la laicidad, pues el pretender que asuntos políticos se definan por algún criterio religioso puede derivar en una imposición de nuestras ideas a las de otras personas, vulnerando sus derechos y libertades.


Tesis 3: El discurso religioso debe evitar adquirir tintes partidarios.


Existen una serie de razones fundamentales por las cuales es deseable que los líderes religiosos no tomen partido en pugnas políticas. En primer lugar, desde un punto de vista pragmático, porque en muchas ocasiones son sólo eso, meras pugnas donde la desgracia de un actor político significa la fortuna de otro. Al tomar partido por alguna facción política, el líder religioso podrá creer que vale la pena estar del lado de los ganadores, pero las consecuencias pueden ser lamentables si se sitúa del lado de los perdedores, no sólo para él sino para toda su grey.

En segundo lugar, desde un punto de vista ético, el buscar influir en asuntos partidarios desde una posición religiosa (máxime si ésta ofrece algún prestigio por el puesto o rango) puede prestarse a interpretaciones de conductas poco adecuadas. Mucho se ha luchado en la estructura de la iglesia por revertir las prácticas desafortunadas de algunos de sus representantes, quienes se beneficiaron del poder político para fines bastante reprobables a cambio de su apoyo a ciertas facciones. No quiero aducir que esto sea una realidad de estos momentos, pero es deseable evitar sospechas y malentendidos.

En tercer lugar, desde un punto de vista democrático, la intervención en el debate público por parte de personas con prestigio debe ser a todas luces prudente y cautelosa. La democracia supone una condición de igualdad formal en la que la voz de todas las personas cuente. Un líder religioso puede tener una postura personal y hacerla del conocimiento como cualquier otro ciudadano, pero no debe pretender utilizar su carisma para llamar a los demás a inclinarse por una u otra opción. Estas limitaciones en la capacidad de influencia no se restringen al ámbito religioso, tampoco la libertad del presidente de la república le permitiría (idealmente) hacer campaña públicamente, al igual que un patrón no debe influir en el voto de sus empleados, ni los “influencers” en el de sus “followers”.


En suma, la laicidad puede ser entendida como un delicado pacto de no intervención que se honra por reciprocidad. Así como no sería bien visto que un mandatario intervenga en la elección del Obispo de Roma, tampoco parece adecuado que un eclesiástico haga campaña por un presidente. La fe puede interesarse en la política como un sano ejercicio de transformación de la realidad, pero deberá estar muy por encima de las luchas facciosas.


Tesis 4. Para que el discurso religioso pueda ser considerado en la esfera política y adquiera una racionalidad pública debe traducirse a una forma y lógica política.


Entonces, ¿cómo podríamos calificar la clase deseable de relación entre religión y política? Propongo que le llamemos de “fertilización”. Así como a las plantas les suministramos nutrientes -fertilizantes en el argot de la jardinería- para que se realicen como seres vivos y alcancen plenitud, el discurso religioso puede fertilizar al debate público al introducir argumentos sustanciales que ayuden a clarificar las formas más apropiadas en que convivimos en colectividad. Sin embargo, estos discursos no pueden entrar sin antes ser “traducidos” a un formato más adecuado. Es decir, no podemos simplemente afirmar que “Dios quiere que…” o “la Biblia afirma que…” porque en sociedades post seculares hemos de asumir que no todas las personas creen en lo que nosotros creemos.


La cuestión puntillosa es la de la traducción. ¿Qué podemos hacer al respecto? Esta adaptación puede ser considerada en dos dimensiones, ambas necesarias: en su forma y en su lógica política. En su forma, el discurso religioso debe ajustarse a las normas propias de la política, respetar sus tiempos y sus modos. En su lógica, cuando el discurso religioso busca ingresar al ámbito político debe abandonar toda pretensión de ser considerada una verdad universal y aceptar ser evaluada bajo criterios inherentes a lo público (los cuales son bastante abstractos y ambiguos, aunque eso es tema de otra discusión). En el debate público no basta con creer que algo es bueno, es necesario poder demostrarlo a quienes estén dispuestos a creerlo como a quienes no.


Reconozco que esta argumentación tiene varios flancos débiles y hace agua por más de un lado. Eso no necesariamente la hace inviable. Efectivamente, cuando uno está dispuesto a debatir un tema debe aceptar por principio que puede estar errado. No obstante, pretendo defender esta posición en vista de que tiene una única virtud: en vez de centrar la discusión de la laicidad en debates sobre la “libertad de expresión” como un fin en sí mismo, pretendo asumir que ésta, debidamente acotada y encauzada, puede llegar a ser un medio para una sociedad más justa y orientada al bien común. En esta visión casi utópica, el discurso religioso reniega de influir en la política, pero contribuye laboriosamente a fertilizarla.


Agradezco a David Vilchis y a Monserrat Paz por su atenta lectura y las reflexiones que me ayudaron a apuntalar mis ideas.

106 comentarios


Invitado
hace 12 horas

XX8 là cái tên mình bắt gặp lúc đang tìm lại một thông tin cũ trên mạng. Thấy xuất hiện trong kết quả nên mình tiện tay ghé qua xem thử. Ban đầu chỉ định ghé qua vài phút, nhưng cách trình bày khá dễ chịu. Các danh mục được chia thành từng khu vực, nội dung không dồn quá nhiều vào một chỗ nên nhìn tổng thể khá thoáng. Mình thử chuyển qua vài phần trên điện thoại thì thao tác ổn, phản hồi nhanh và khá dễ làm quen

Me gusta

Invitado
hace 13 horas

https://mb66.business/ mình vừa lướt thử vì thấy bạn bè nhắc, chủ yếu xem giao diện có dễ dùng không. Ấn tượng đầu là trang nhìn khá “thoáng”, các khối nội dung tách bạch nên mắt bắt nhịp nhanh, không bị cảm giác nhồi nhét. Mình cũng thích cái menu đặt ở chỗ dễ thấy, bấm qua lại vài mục mà không phải mò, kiểu điều hướng tự nhiên nên người mới vào cũng đỡ bối rối. Kéo xuống xem thì chữ và khoảng cách dòng ổn, không bị rối hay mỏi mắt dù lướt nhanh. Nói chung mình không ở lâu, nhưng trải nghiệm lướt thử khá nhẹ nhàng. Nhìn tổng thể là bố cục chia theo từng khối rõ ràng…

Me gusta

Invitado
hace 13 horas

Trong quá trình đọc các thảo luận, mình có để ý thấy https://mb66.news/ được nhắc qua nên thử vào xem cho biết. Mình chỉ xem nhanh tổng thể chứ chưa tìm hiểu sâu, nhưng cảm giác ban đầu là cách trình bày khá thoáng, bố cục rõ ràng, nhìn vào không bị rối mắt.

Me gusta

Invitado
hace 2 días

Dạo này mình có thấy nhiều người nhắc đến AD88 trên các diễn đàn giải trí nên cũng tranh thủ vào xem thử. Mình không tìm hiểu quá sâu mà chủ yếu quan sát cách họ thiết kế giao diện và sắp xếp nội dung. Cảm nhận của mình là trang có bố cục rõ ràng, các danh mục được phân chia hợp lý nên rất dễ theo dõi. Với những ai thích trải nghiệm đọc nhanh và giao diện trực quan thì đây là kiểu thiết kế khá dễ tạo thiện cảm


Me gusta

Invitado
hace 2 días

GG88 mình thấy bạn bè nhắc hoài nên tiện tay vào thử cho biết thôi. Không định ngồi khám phá kỹ đâu, chủ yếu xem giao diện có dễ nhìn không. Vừa mở lên thấy trang khá thoáng, kiểu chia nội dung thành mấy khối rõ ràng nên mắt bắt nhịp nhanh, không bị chữ dồn dập nhìn mệt. Mình cũng để ý phần thông tin trình bày dạng cột gọn gàng, lướt qua vẫn hiểu được ý chính mà không phải zoom hay căng mắt đọc. Menu điều hướng đặt khá nổi, bấm qua lại vài mục thấy mượt, không phải mò lâu mới ra chỗ cần. Nói chung trải nghiệm vài phút đầu khá ổn vì bố cục…

Me gusta
logo-imdosoc-ft.webp

Política de Privacidad

La  Asociación Mexicana de Promoción y Cultura Social A.C., (“Imdosoc”), comprometida con la protección de tus datos personales, asumiendo la responsabilidad de su uso, manejo, almacenamiento y confidencialidad de acuerdo a lo establecido en la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares y con el fin de darte a conocer la información relativa a las características principales del tratamiento al que serán sometidos tus datos personales, emite el presente Aviso de Privacidad.

©2026 por Imdosoc. Derechos reservados.

bottom of page