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María de Guadalupe: señora, gobernadora, reina y madre


Luis Gustavo Meléndez Guerrero fsc


Hablar de nuestra Señora de Guadalupe supone ampliar nuestro horizonte y poder indagar los orígenes del milagro Guadalupano, y su impacto hasta el día de hoy. Evidentemente, este no es el espacio para poder trazar dicho mapeo, no obstante, conviene preguntarnos sobre algunas de las razones que han llevado a un pueblo a confiarse bajo el regazo de nuestra madre.


Imagen de la Virgen de Guadalupe

Sabemos que la narración de las ‘apariciones’ de María de Guadalupe en el cerro del Tepeyac se encuentran en el Nican Mopohua, en este texto se hace referencia al significado de la majestuosa presencia de nuestra Señora. Cuando nos acercamos al manuscrito que nos relata las apariciones de la Guadalupana, el lector puede percatarse de que existe una conexión entre las expectativas pre-hispánicas literarias del poema náhuatl “cuicapeuhcayotl”, y la respuesta ofrecida por el cristianismo. Miguel Sánchez, primero que escribe en español la historia de las apariciones de Guadalupe (1648), habla de una tradición indígena de cantos e historias. En aquel manuscrito, María de Guadalupe está claramente distinguida de cualquier otro texto sobre las deidades prehispánicas.


Mario Rojas[1] insiste que el Nican Mopohua tiene un carácter cristocéntrico, y sugiere el papel específico de María en el Misterio de la Salvación. Sin embargo, si el autor del Nican Mopohua estuviera interesado en delimitar el rol de María en lo que la teología conoce como la Economía de la Salvación, los títulos referentes a ella en el Nican Mopohua habrían tenido resultados contraproducentes toda vez que dichos títulos se aplicaron en tiempos prehispánicos a la deidad más alta para algunos grupos náhuatl como lo es el “Ometéotl”[2]. Rojas mismo comenta una confesión en potencia generada por la presentación de María como madre de Dios para cualquier grupo o audiencia náhuatl: Guadalupe, al ser ‘madre del verdadero Dios por quien se vive’, se presenta como la madre del Ometéotl. La atención pues, se centra en María de Guadalupe, lo que para el autor significa su relación-cercanía con la divinidad. El análisis procede de tres ángulos diferentes: ¿qué es lo que el narrador comenta acerca de ella?, ¿cuál es el tipo de relación que tiene con María?, y ¿qué es lo que María dice de sí misma en el Nican Mopohua? Cada que el narrador se refiere a María centra su atención en dos aspectos: primero, en que ella es una noble “señora”, o “gobernadora”, segundo: que es una “virgen”, “doncella”. El autor menciona a María veinticuatro veces; trece como una noble mujer venida del cielo, (Ilhuicac Cihuapilli). Una vez, se añade el adjetivo ‘preciosa’, (Ilhicac Tlacocihuapilli). El sustantivo ‘Señora’ sólo se utiliza una vez y en combinación con el término “gobernadora”, una vez más (Tlatoca Cihuapilli.) En conclusión, los títulos que se dan a María de Guadalupe se concentran en ese término de carácter reverencial.


Nican Mopohua

Si consideramos el trabajo de Sánchez[3]  como la principal fuente, parece extraño que el término castellano ‘señora’, que podría funcionar como una traducción directa, no se encuentra en los pasajes paralelos del autor. El cambio de “María” o “María Virgen”, omnipresente en la historia criolla, a “Señora del Cielo” en el Nican Mopohua, puede ser considerado como una afirmación. El tono tan directo y familiar en el texto español[4] es transformado en una manera deferencial de dirigirse a María en Nahuatl: ¿es la distancia creada intencionalmente por el autor, o se implica por el modo propio de hablar en náhuatl? El título mariano de ‘gobernadora’, era parte del vocabulario náhuatl desde el siglo XVI. Dicho título (gobernadora) parece traducir el sustantivo ‘reina’ utilizado en algunas oraciones marianas y ha sido utilizado desde los principios de evangelización en los libros de catequesis.


El segundo aspecto subrayado por la presentación del narrador de María es su virginidad, el uso repetitivo del adjetivo “perfecta” para referirse a la “doncella” (Cenquizca Ichpochtli) parece enfatizar el hecho de que no estamos hablando de una joven doncella común y corriente, estamos hablando de la “intacta” que siempre permaneció en la misma condición: la siempre virgen. El énfasis en la virginidad de María fue un tema común en la literatura colonial religiosa mexicana.


Si trasladamos la mirada de los orígenes del fenómeno guadalupano y ponemos atención a las diferentes y variopintas manifestaciones devocionales, podemos advertir que la presencia de María en la historia mexicana nos hace pensar que Guadalupe es a un tiempo Madre que protege, y Señora que acompañan e impulsa a sus hijos.

En un contexto plagado de violencia, las palabras de María de Guadalupe resuenan consoladoras: “no estoy aquí que soy tu madre”; “no estás por ventura bajo mi regazo”. Acudamos confiados a ponernos bajo su manto protector, y sigamos perseverantes en la lucha por construir el Reino del cual, su divino Hijo nos ha hecho constructores.


Santa María de Guadalupe, salva nuestra patria y aumenta nuestra fe.

12 de Diciembre. Día de la Virgen de Guadalupe

 

[1] Rojas, Mario., Nican mopohua, Ideal, México, 1978.

[2] Ometéotl (ome: dos, téotl: Dios; principio dual) es uno y dos a la vez, cuyos atributos son: Señor, dueño del cerca y del junto, dador de la vida, aquel por quien se vive, noche y viento, quien a sí mismo se piensa. Cfr. BARP, F., Luciano, Los maestros fundadores de la Universidad de México frente al problema filosófico de la demostración de la existencia de Dios, Logos, Revista de Filosofía, número 94,  Universidad  La Salle, México, 2004 (nota al pie de la página 96).

[3] SÁNCHEZ, Miguel, Imagen de la Virgen María, Madre de dios de Guadalupe. Milagrosamente aparecida en la ciudad de México. Celebrada en su historia con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis, Imprenta de la viuda de Bernardo Calderón, México, 1648

[4] Cabe señalar que la postura de los españoles sobre el hallazgo guadalupano no fue desde siempre bien recibida. En 1556 existe ya sendo pleito entre el Arzobispo de México y el Provincial de los franciscanos sobre lo que ocurría en el Tepeyac. Por otra parte, escritores franciscanos del siglo XVI e inicios del XVII (Sahagún, Ponce, Torquemada) consideran el culto de Guadalupe una forma oculta de idolatría. Con todo, ya en los reportes al Rey Felipe II (Diego de Santa María, Virrey Almanza, etc.) se muestra una devoción hispana. Cfr. POOLE, S., Our Lady of Guadalupe, The Origins and Sources of a Mexican National Symbol, 1531-1797, Univ. Of Arizona Press, Tucson, 1996

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