Populismo: del miedo al deseo restaurador

El populismo es un concepto que ha generado grandes debates en torno a su definición, características, personajes y a los tintes que adopta en cada país. En este caso, presentaré la propuesta de la politóloga Nadia Urbinati, quien recalca que la fuerza política de los populistas se basa en la “modalidad de campaña permanente para reafirmar que se identifican como pueblo, haciéndoles creer que libran una batalla contra el sistema atrincherado.” (Urbinati, 2021: 91)


Urbinati también señala que buscan fortalecer su toma de decisiones a través de la modificación de la Constitución, las instituciones o las reglas. La transformación del marco jurídico permite al populista moldear la democracia y el régimen a su imagen y semejanza. De esta forma, elimina barreras jurídicas y adopta el simbolismo para fortalecer la identidad popular. Urbinati rescata del politólogo Cristóbal Rovira Kaltwasser su retrato del populismo como un modelo de política moral, puesto que la distinción entre la élite y el pueblo es moral, más que situacional o socioeconómica (Urbinati, 2021: 73). Las categorías que los populistas utilizan para fragmentar a la sociedad caen en un argumento donde el pueblo o la mayoría es el maltratado, frente a la élite que es una minoría corrupta.

A lo largo de la historia, los estudiosos del populismo han destacado el papel del pueblo y su importancia para la retórica del líder. Sin embargo, Urbinati (2021) caracteriza al pueblo a través de tres enfoques, con los cuales el populismo sustenta sus acciones. El primero es el soberano colectivo, el cual se caracteriza como el depositario de la soberanía del país y en “cuyo nombre se crean leyes” (Urbinati, 2021: 106); el segundo es el pueblo como ente histórico que se entiende como número de personas que viven en un lugar determinado; por último, como electorado el cual se organiza y actúa en forma colectiva.


La noción de pueblo ha sido un eje fundamental para sostener los proyectos populistas. La condición de ser parte del pueblo o que el líder se entienda de esa forma responde a una materialización de la masa en el poder como el pueblo correcto. De esta manera, el populismo busca mantenerse en el poder y no perder el cargo. Este fenómeno ha sido visto mutatis mutandis en viejas formas como la demagogia, la cual era señalada por los pensadores clásicos por apropiarse de la mayoría y promocionarse como un cambio que busca someter a las élites tradicionales.


Desde 2015 y de oriente a occidente, el mundo vio aparecer liderazgos antisistema en todo el mundo. Latinoamérica ha sido tierra fértil para el populismo y los caudillos que prometen arreglar los males de la sociedad con fórmulas que caen en el simplismo, pero que son atractivas para quienes están decepcionados de los políticos tradicionales.


Es necesario destacar que el populismo es atractivo porque plantea soluciones rápidas a los grandes problemas de los países, sin embargo, como bien señala el papa Francisco, el inmediatismo es una expresión de la degradación del liderazgo popular, pues compromete la “tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad.” (Fratelli tutti, 161) Además, erosiona a las instituciones y la pluralidad, comprometiendo la estabilidad y el diálogo democrático. Pues como señalan Levitsky y Ziblatt, (2018) “la democracia ya no termina con un bang (un golpe militar o una revolución), sino con un leve quejido: el lento y progresivo debilitamiento de las instituciones esenciales.”


Alguna vez, Jesús Silva-Herzog dijo “el populismo es el mejor indicador para identificar que una democracia está fallando, pero no es la mejor medicina.” Así, hemos de cuidar, proteger y fortalecer la democracia. Ningún personaje tiene la solución a todos los problemas que aquejan a un país. Hemos de cuidar que la ola de descontento democrático que hay en el mundo no sirva de excusa para optar por liderazgos que, prometiendo un edén para la sociedad, sirvan de cauce para el autoritarismo.

Por eso, quiero cerrar este escrito con las palabras de mi maestro José Woldenberg, quien constantemente declara “la democracia no es perfecta, pero sí perfectible.” Por ello, impulsemos la cultura democrática, el pluralismo y el debate, ya que son la única forma de cuidar una forma de gobierno que permite los distintos puntos de vista y posturas que suman a las propuestas para mover a un país y afrontar sus debilidades.


Referencias

Applebaum Anne. (2021). El Ocaso de la Democracia: la seducción del autoritarismo. México: Penguin Books.

Levitsky, St., y D. Ziblatt, (2018) Cómo mueren las democracias. Ciudad de México, Ariel.

Urbinati Nadia. (2021). Yo, el pueblo: como el populismo transforma la democracia. México: Grano de Sal.

Woldenberg José. (2021). Las pulsiones antidemocráticas. En Contra el autoritarismo(33-48). México: Cal y arena

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