¿Sueñan los mil millonarios con cohetes eléctricos? (Una sola crisis en un solo mundo)

Por Alejandro Aguilar


El sueño de los mil millonarios es construir un gran cohete para llegar a la Luna, a Marte o a cualquier otro gran cuerpo celeste que parezca remotamente habitable. La apoteosis tecnológica, la adoración de la máquina, se confunde con la necesidad imperante de buscar un nuevo hogar. El actual, evidente a todas luces, se encuentra devastado. No obstante, la fantasía del escape no es casual. La misma narrativa que nos presume el emprendedor de California o la ciencia ficción de Hollywood tiene una argumentación oculta. A saber: 1) que la crisis es inevitable y 2) que se trata de una simple cuestión de números. El resumen bien podría condensarse en la triste resignación, como diciendo “no hay nada que hacer, ya somos demasiados”.


Hemos de preguntarnos… ¿Es esto cierto? ¿Es una cuestión de grandes cifras y poco espacio? ¿Qué nos dicen los números?



En ocasiones los números mienten, o al menos aclaran menos de lo que se presume. Las métricas de desigualdad son un buen ejemplo. Los economistas hablan de índices y de ratios para dar cuenta de ella, herramientas de indiscutible utilidad, pero que tienen la debilidad de ser legibles sólo para iniciados.


Con la finalidad de volver las estadísticas más amigables, vamos a pensar que la población mundial es de 100 personas, a las cuales podremos ordenar de la más rica a la más empobrecida (1, 2, 3, 4 ... 98, 99, 100). A pesar de que la distribución justa de recursos (la menos desigual) sería una en la que a cada uno le toque más o menos lo mismo, la realidad es muy diferente. Si suponemos que la riqueza total del planeta entero es de 100 pesos, a la persona más rica se le otorgarían 38. Esto significa que las 99 siguientes se les repartirán los 62 pesos restantes. ¿Parece esto justo? Sin embargo, la situación es aún más compleja: imaginemos que los 99 que aún no contemplamos se dividen en dos grupos. El segundo, de 49 personas, se repartiría 60 pesos. El tercer grupo, de 50 personas, se tendría que conformar con 2 pesos. La magnitud de la desigualdad es tal que el 1% más rico de la población mundial es 19 veces más rica que todo el patrimonio del 50% más pobre y 950 veces más acaudalada que cada uno de ellos.


Ilustración - 2018 | Arte Sem Fronteiras


En relación con la crisis climática, las desigualdades se hacen notar. En un nivel estimado hacia 2030 seguiría marcado por amplias diferencias. La persona más rica de nuestra sociedad tendrá emisiones 30 veces superiores a las máximas por persona que permitirían mantenernos por debajo de la meta de 1.5 grados. Las siguientes 9 personas estarán 9 veces por encima del máximo deseable. La clase media, las cuarenta que siguen, doblarán el requisito. Los cincuenta más empobrecidos se encontrará tan abajo que, aunque multiplicará sus emisiones por 3 (un 200%) se mantendría aún dentro de los límites.


La consigna final es apabullante: ¡las personas históricamente empobrecidas están subsidiando ecológicamente el estilo de vida de los ultra ricos! Según cálculos conservadores, el proyecto Space-X de Elon Musk, diseñado para ampliar el horizonte de la colonización humana, conlleva la emisión de 4,900 toneladas de carbono al año. Eso es el equivalente a lo que producen 49,000 habitantes de Burundi, quienes no serán beneficiados ni en un futuro lejano por las aventuras espaciales del dueño de Tesla.


Dos conclusiones salen ahora a relucir: 1) la crisis socioambiental es una sola con la crisis socioeconómica, la desigualdad rampante, y 2) el destino de la tierra no es ineluctable, aunque se encuentra en riesgo a raíz de unos pocos. Los sueños de un millonario pueden ser peligrosos por el poder económico que tiene pero, sobre todo, por la capacidad de contagiarnos a los demás y hacernos olvidar, con sus falsas promesas, que es parte de la solución y no del problema. Claro está, en un futuro cercano nos podrán decir que los cohetes serán eléctricos, pretendiendo que eso lo arregla todo…

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